

Un anochecer a finales de marzo entre los pinos de la Sierra Norte de Oaxaca. Un mirlo primavera (Turdus migratorius) canta al crepúsculo y me duele la nostalgia. Las montañas ondulan hacia el noroeste en vastas siluetas azules. Montana está incomprensiblemente lejos. El canto del mirlo me lleva los miles de kilómetros en un instante y estoy en casa, Missoula con la primavera en ciernes, los brotes hinchados de los álamos por el río, las llamadas de los picamaderos norteamericanos (Dryocopus pileatus). Podría abordar un avión, empeorar el crisis climático y estar en casa mañana. Pero ya he tomado mi decisión. Este año no voy a regresar.
El mirlo primavera sigue cantando. Los tapacaminos cuerporruín mexicanos (Antrostomus arizonae) se unen con sus voces roncas. El mirlo está aquí, aunque su voz familiar me hace extrañar estar allá, y probablemente aquí se quede, en el extremo sur de una extensa distribución reproductiva que abarca la mayor parte de Norteamérica. Y este año, aquí yo me quedaré también.
La arenilla

Nunca tuve pensado dividir mi vida entre dos países, pero intervino el amor. Y este año, por tanto que extraño Montana, mis amigos, mi familia, mi trabajo veraniego como biólogo de campo y la tierra de allá que conozco tan bien, hay muchas razones por las que quedarme aquí. Mis Estados Unidos, antes relativamente libres, ya están bajo ataque por su propio presidente, y allá Carito estaría en peligro. El cambio climático sigue intensificándose. Duele viajar tanto en avión. Y aquí, Carito y yo hemos empezado un proyecto grande.
Cerca del terreno de su abuelo Teo está un pedazo de tierra que no se cultiva desde hace unas décadas. En el tiempo que he vivido acá, me he animado cada vez más sobre el cultivo sustentable de alimentos, todo el conocimiento de eso que existe acá, todas las posibilidades para tener cultivos ecológicos. El abuelo Teo en particular me inspira con el tipo de agricultura biodiversa que practica. Y así, en algún momento este invierno mientras yo estaba hablando de querer sembrar camote morado (Ipomoea batatas) y yuca (Manihot esculenta), él me dijo: está esa esquina cerca del río, la arenilla. Puedes limpiarlo y sembrarlo si quieres.
Maracuyá y camote morado

Así es que en estos meses he estado yendo a la arenilla con un machete y un serrucho. Algunos días Carito va conmigo, otros días me trae el almuerzo. Cuando nos visitó mi mamá, ella ayudó también. He estado conociendo este parche de bejucos, hierbas y árboles pequeños. Abriéndolo para que entre más luz, una pequeña perturbación en la selva. Leyendo, sembrando e imaginando: las técnicas tradicionales de la milpa, los sistemas agroforestales de las naciones isleñas del Pacífico, cuáles plantas necesitan la tierra húmeda del arroyo y cuáles pueden soportar la tierra seca más hacia arriba. Preparándome para mayo y junio, el comienzo de la temporada de lluvias: el tiempo para sembrar.
Hay muchas plantas para conocer: plátano (Musa spp.), caña (Saccharum officinarum), malanga (Colocasia esculenta), coco (Cocos nucifera). Las plantas de rápido crecimiento de la milpa: maíz (Zea mays), frijol (Phaseolus vulgaris), calabaza (Cucurbita spp.), bule (Lagenaria siceraria), papaya (Carica papaya), chile (Capsicum spp.), tomate (Solanum lycopersicum). Maracuyá (Passiflora edulis), camote morado (Ipomoeas batata), cacahuate (Arachis hypogaea), ñame (Dioscorea spp.), yuca (Manihot esculenta) y bambú, flor de Jamaica (Hibiscus sabdariffa) y té limón (Cymbopogon citratus). Cacao (Theobroma cacao), jengibre (Zingiber officinale), cúrcuma (Curcuma longa). Palo de pan (Artocarpus altilis), limón (Citrus spp.), carambola (Averrhoa carambola), zapote negro (Diospyros nigra). Chayote (Sechium edule) y estropajo (Luffa aegyptiaca), ajonjolí (Sesamum indicum) y okra (Abelmoschus esculentus). Y todavía, Montana me llama. Hay días que me siento muy dividido.
Tinamúes cerca del naranjal

Pero mientras Trump conduce una guerra sin sentido en Irán, mientras Montana pasa de un invierno muy seco a una primavera hecha impredecible en un clima vuelto loco, mientras el comercio global de fertilizantes se contrae abruptamente y el sistema tan sensible de la agricultura industrial tiembla, algo de cuidar esta tierra me parece tener sentido.

1 de abril de 2026. Los tinamúes canelos (Crypturellus cinnamomeus) cantan desde la selva cerca del naranjal mientras el cielo pálido al este espera el amanecer. Están cerca los tinamúes, más cerca de que nunca los he escuchado.
Los árboles sólo eran siluetas contra un alba rosada cuando pasé el terreno del abuelo Teo caminando hace 20 minutos, pero ya hay suficiente luz para leer. Debajo de mí, la terracería sigue bajando hacia la arenilla, y puedo ver en la distancia el claro donde he sembrado milpa y plataneras. Un mirlo café (Turdus grayi), uno de los parientes costeños del mirlo primavera de la sierra, canta desde la copa de un palo mulato (Bursera simaruba). Nuevas hojas y brotes florales están emergiendo alrededor de él. Y desde el naranjal escucho algo más, un ave que suena como un juguete chillón—¡un papamoscas rayado común (Myiodynastes luteiventris)! Desde sus tierras invernales en Sudamérica, este papamoscas ha llegado para pasar el verano aquí en Oaxaca.
Los que migran y los que se quedan

Es la primera vez que he escuchado a esta ave. En los otros años, siempre me he ido para Montana antes de que llega. El canto del mirlo café, la llegada del papamoscas rayado común, el coro fuerte de los tinamúes canelos: la primavera está llegando aquí, también, en el calor de la temporada seca en la selva tropical oaxaqueña. Chipes y víreos están migrando hacia el norte. Me saludan a Montana cuando lleguen hasta allá, mis amigos. Y este año, aquí me voy a quedar, con los tinamúes canelos, la milpa y el papamoscas rayado común.
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