

Es una mañana fresca a mediados de julio en un valle en la región mixteca del interior de Oaxaca, México. Un pradero está cantando desde un campo de alfalfa cerca del rancho de nuestros amigos Rafa y Elizabeth. Los praderos en esta región son un rompecabezas. Son ampliamente considerados como praderos tortillaconchile (Sturnella magna), parte de una población extensa que se reproduce desde Nueva York y la región de los Grandes Lagos, a través de Florida, Cuba y el este de México hasta Venezuela.

Pero estas aves tienden a ser más pálidas, con pocos puntitos o líneas cortas en sus flancos y un canto que suele ser un poco más profundo. Todo esto parece sugerir que a lo mejor serán praderos altiplaneros (Sturnella lilianae), una especie de los desiertos del suroeste estadounidense y el norte de México, además de campos de cultivos en el centro de México. Según los mapas de distribución, los praderos altiplaneros no llegan hasta Oaxaca. Pero esta especie solamente se reconoció como algo distinto hace unos años, en 2022, y todavía faltan investigaciones en la parte sur de su distribución. En Oaxaca, estos tal vez praderos altiplaneros son un misterio pendiente. Y así, los cantos de esta mañana son aún más especiales.
Buscando los vacíos

Cuando tengo la oportunidad de pasar tiempo con los praderos en Oaxaca, trato de ponerles mucha atención. Fotos, grabaciones de sonidos, observaciones de su comportamiento—cuando se sabe tan poco, toda esta información podría ser crucial. No es que siempre sean muy fáciles de observar. En hábitats agrícolas como este campo de alfalfa, parece que los praderos oaxaqueños son propensos a cantar desde el suelo, escondidos en la vegetación. Me ha costado 20 minutos de esperar paciente para finalmente ubicar a este y tomarle fotos.
Una de mis cosas favoritas de observar aves es que siempre hay algo nuevo para aprender. Como mi amigo y mentor Grant Hokit en Montana, a mí me encanta buscar los vacíos: los lugares, temporadas y especies de los cuales no sabemos mucho. Para las aves, esto es uno de estos lugares. Algunas de las especies que según mis observaciones son comunes acá fueron registradas por última vez en los 1940 por el ornitólogo y recolector estadounidense Chester Lamb. Este mes, quiero compartir unas imágenes—unos momentos, sonidos y preguntas de este valle especial.
Entre los campos de alfalfa

Más adelante de los campos de alfalfa, un víreo enano (Vireo nelsoni) está cantando desde un bosque de mezquite. El canto es variable pero bastante distinto, nasal y energético. Esta mañana no logro ver al cantante, esta ave diminuta con la voz tan grande.

Otro pradero está llamando desde una maraña de arbusto y flores entre campos pequeños de maíz y alfalfa. Su pico está lleno de insectos: ha de estar cerca de su nido escondido, crías hambrientas esperando su comida. Ver a este pradero acarreando alimento es una observación notable en sí, pero lo que realmente me dispara la curiosidad es su plumaje. Esta ave tiene rayas más largas y gruesas en sus flancos y se extienden hacia adelante, tocando lo amarillo de su pecho. Se ve más como un pradero tortillaconchile. Le tomo fotos y me alejo rápido, dándole espacio para atender a sus crías.
Camino por campos donde los semilleros rabadilla canela (Sporophila torqueola) están cantando con entusiasmo. El valle está entrecruzado con terracerías para acceder a los campos. Siguiendo esta red de caminos, doy la vuelta y entro el borde más distante del bosque de mezquite.
Aves en el mezquite

El víreo enano ya se ha callado, pero una huilota común (Zenaida macroura) está cantando, ese arrullo que conozco tan bien del verano de Montana. Un cuervo común (Corvus corax) da un graznido áspero en la distancia. Siempre es interesante escuchar a aves bien conocidas en nuevos contextos. Checando los mapas de distribución, me doy cuenta de que las poblaciones reproductivas de las huilotas y los cuervos comunes se extienden más o menos sin interrupción desde Montana hasta el interior de Oaxaca, abarcando tantos cambios en vegetación, topografía, contexto, incluso idioma. Si cierro mis ojos y escucho, casi me imagino que estoy de nuevo en Montana.
Pero entonces el mosquero del Balsas (Xenotriccus mexicanus) empieza de nuevo a cantar, y Montana desaparece rápidamente en la distancia. Esta especie es endémica en matorrales áridos en el interior de unos cuantos estados del suroeste de México. Ese canto expresivo es inconfundible.
Para el matorral

Una mañana me voy tempranito de la casa de Rafa y Elizabeth, mochila llena de agua y comidita. Voy a seguir un sendero que sube arriba del pueblo, pasando desde las estribaciones de matorral seco hasta las laderas de bosque enano de encino. He pasado días estudiando las aves que podrían encontrarse en estos hábitats diferentes. Ahora, finalmente, me toca observar lo que realmente está aquí.

El matorral antes del amanecer es una explosión de sonidos. Los silbidos delgados acelerados de los gorriones barba negra (Spizella atrogularis) se escuchan desde todos lados. Esta es una especie del desierto; aquí estamos casi al extremo sur de su distribución. De vez en cuando, puedo escuchar la llamada “chuiuí” del endémico pero muy llamativo rascador oaxaqueño (Melozone albicollis). He estado muy atento por su primo norteño de distribución mucho más amplia, el rascador viejita (Melozone fusca) con su plumaje de marrones sutiles. En 1943, Chester Lamb documentó las dos especies en este valle, uno de pocos lugares donde se traslapan sus distribuciones. Pero por tanto que he buscado, todavía me falta observar a un rascador viejita aquí. En la distancia, una paloma alas blancas (Zenaida asiatica) suma su canto melódico al coro.
Mulatos azules y un zacatonero oaxaqueño

El amanecer pinta los cerros rocosos en doce matices de verde. El sendero va en paralelo a un arroyo pequeño acá, y los arbustos crecen más altos. Los saltaparedes cola larga (Thyomanes bewickii) y mulates azules (Melanotis caerulescens) llenan el aire con sus trinos e improvisaciones.

¿Y qué es eso en la distancia? Un silbido dulce seguido por un trino de dos partes. En Montana, pensaría en un rascador cola verde (Pipilo chlorurus). Pero aquí, después esperar varios minutos con paciencia, finalmente logro ver a un gorrión rechoncho con la corona canela y la cara con marcas intrincadas en blanco y negro. Esto es un zacatonero oaxaqueño (Aimophila notosticta), otra especie endémica. De hecho, la distribución del zacatonero oaxaqueño está casi completamente restringida al interior de Oaxaca, con unos registros más al norte en Puebla. Y como el víreo enano, el zacatonero oaxaqueño no ha sido reportado por este valle desde que Chester Lamb lo observó en 1943.
El bosque de encino

Los gritos de las charas de collar (Aphelocoma woodhouseii) me siguen a través del matorral, pasando unos caballos, por la transición donde el matorral se salpica con encinos y finalmente hasta el bosque de encino continuo. Un picogordo tigrillo (Pheucticus melanocephalus) está cantando desde la ladera arriba de mí. En la distancia puedo escuchar los trinos simples de los rascadores moteados (Pipilo maculatus).

Me detengo en un pequeño claro entre los encinos donde el sotobosque está lleno de las flores rojas ligeras de una leguminosa que identifico como una especie de Calliandra. Algo está dando un canto penetrante desde el dosel. Es un vireón arlequín (Vireolanius melitophrys), un víreo grande y hermoso con un talento increíble de hacerse completamente invisible entre las hojas de los encinos. Paso un buen rato buscándolo antes de rendirme. Aun así, el vireón sigue cantando con insistencia. No puede estar a más de 10 metros de mí.
Los colibríes

Desde el dosel pongo mi atención a las flores de la Calliandra, dándome cuenta con emoción que están atrayendo colibríes. La mayoría de mis vistazos son complicados. Un colibrí llega por medio segundo y desaparece en la distancia, una borrosidad imposible en mis binoculares. Pero con tiempo y paciencia, logro obtener suficientes vistazos para identificar algunos—y la diversidad es impresionante. Hay colibríes orejas blancas (Basilinna leucotis) con sus cejas blancas llamativas. Un enorme colibrí magnífico (Eugenes fulgens) aparece brevemente, luego se retira a la rama de un encino. Pronto llega un colibrí orejas violetas (Colibri thalassinus) y espanta a todos, trinando enfáticamente. Un colibrí corona violeta (Ramosomyia violiceps) se percha debajo de la copa de un encino, dando un canto chirriante raro.

De vez en cuando escucho algo que no reconozco, un canto leve de alta frecuencia que sube y baja. Busco y busco más, sospechando que es otro colibrí, pero el cantante resulta tan elusivo como el vireón arlequín. Finalmente escucho los cantos de todos los colibríes que pudieran estar aquí, con mi teléfono pegado a mi oído y el volumen muy bajo para no estorbar a las aves. Encuentro un canto y sólo uno que corresponde: el del zumbador mexicano (Selasphorus heloisa), una especie minúscula de las sierras de México.
Vivo con historias

El sol ya se está poniendo intenso: es hora de regresar al pueblo. El bosque ha caído en silencio. Sólo el vireón arlequín sigue quejándose arriba de mí. Pero ahora, mientras miro a través del valle verde por abajo, está lleno de historias. Allá en la distancia están los campos de alfalfa donde cantan los semilleros rabadilla canela y los praderos misterios. Allá está el matorral en el pie de la montaña donde los gorriones barba negra llenan el aire antes del amanecer, el arroyo que borbotea donde los mulatos azules y saltaparedes cola larga se esconden en los arbustos. Y aquí en los encinos, las flores rojas sedosas de la Calliandra donde se reúnen los colibríes.
Hay mucho más que aprender. ¿Qué historias nuevas habrá mañana?
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Beam, J.K., Jaster, L.A., Jensen, W.E., & Lanyon, W.E. (2022). Chihuahuan meadowlark (Sturnella lilianae), versión 1.0. En Birds of the World (N.D. Slye, ed.). Ithaca, NY, EU: Cornell Lab of Ornithology. https://doi.org/10.2173/bow.lilmea2.01
Davis, J. (1974). Obituary. Auk 91(2):479-480. https://digitalcommons.usf.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=19584&context=auk
Moore Laboratory of Zoology. (sin fecha). Mexican Bird Resurvey Project. https://moorelab.oxy.edu/research/mexican-bird-resurvey-project
